realm of the dead
" So I love beyond the bones,
goes deep inside your soul.
So I love beyond the bones,
into the unknown.
Where no other love goes,
I love, I love beyond the bones. "
inferis
Inferis, el reino de los muertos.
Descubre el lugar donde todo está regido por la necromancia y la invocación de almas.
Un reino donde los muertos sirven a los vivos.
EL NACIMIENTO DE INFERIS

Es de sobra conocido que Umbra (*) ha luchado a lo largo de la historia para no ser explotada por la avaricia, y las ansias de poder de otros.
Despreciables seres que, atraídos por la codicia de gobernar un reino rico en minerales de todo tipo, no dudaron en intentar clavar sus garras sobre este sin piedad alguna.
Tras sufrir incontables atrocidades, Umbra se rebeló y montó en cólera, respondiendo fieramente a los adversarios.
Épica fue su victoria, pero como todo en el universo, tuvo un precio.
Umbra pasó a ser conocido como un reino de magia negra, hechizos, y muerte.
La guerra causó estragos, más allá de las pérdidas materiales, vitales, y emocionales.
Trajo consigo toda una era de desesperación, hambre, enfermedades, y conflictos internos.
No todos los habitantes de la dimensión podían cubrir las necesidades básicas, y muchos no tenían el poder suficiente para invocar entes y procurarse un mejor porvenir.
Aquí comienza la historia de Inferis, dimensión nacida de la necesidad de sobrevivir en un inhóspito entorno.
Un puñado de mujeres, hartas de ver cómo sus hijos morían de inanición, cómo los que una vez fueron grandes guerreros yacían en un cementerio de cadáveres sin fin, o pedían limosna con sus miembros mutilados expuestos, tomaron cartas en el asunto.
Debían encontrar una forma de aprovechar algo que estaba a su alrededor de forma abundante, algo que es certero e inevitable (tarde o temprano) para todo ser en el universo: la muerte.
Modificaron hechizos, hicieron sacrificios de su propia carne y huesos, probaron con diferentes elementos hasta que uno de ellos fue el cual produjo resultados.
Ni siquiera considerado mineral como tal, de bajo valor en el mercado, poco codiciado por la sociedad de Umbra: la obsidiana.
Con esta piedra oscura consiguieron invocar almas de fallecidos, y poco a poco fueron desarrollando la manera de manipularlas a su antojo.
Nunca fue la intención el mal uso de estas almas perecidas durante las guerras, todo lo contrario. Eran consideradas sacras, y se les agradecía a menudo su disposición para contribuir a la supervivencia de tantas vidas a través de rituales.
Adecuada era la roca volcánica para la gente con poco poder adquisitivo que comenzó a tallarla y pulirla en forma de accesorios de todo tipo.
Desapareció la gente en las calles pidiendo alimento, fue sustituida por la oportunidad de contactar con los muertos y hechizos para adivinar el porvenir a cambio de unas monedas.
La clase más desfavorecida estaba desapareciendo poco a poco para convertirse en autosuficiente, por lo que no tardó en correrse la voz sobre tamaño avance que no fue tan bien recibido como cabría esperar.
La sociedad se vio dividida.
La mayor parte de la población consideraba una herejía tales prácticas, y tachaban de inmorales a los adeptos a ellas.
Estas ideas no eran sino el fruto de la semilla de la discordia plantada por las clases más pudientes de Umbra, que se sentían amenazados por una magia desconocida que no estaba a su alcance y control.
La otra parte, como era de esperar, se negó en rotundo tanto a cesar en sus rituales, como en compartir el secreto con las figuras influyentes del reino.
Aquel grupo de mujeres había luchado por su supervivencia sin ayuda de nadie, y no iba a vender sus resultados tan fácilmente después de los sacrificios realizados para conseguir prosperar.
La guerra ya había hecho suficiente daño, así que tras un acuerdo entre ambas partes aprobado por la monarquía de Umbra, los adeptos a la invocación de almas fueron exiliados a un planeta cercano, pero con un tratado de paz entre ambas naciones para evitar guerras por dicha fractura político-social.
Tras establecerse en el nuevo planeta, comenzaron a erigirse los cimientos del nuevo reino formado por los exiliados, familias y parejas de estos.
El grupo de mujeres pasó a ser definirse como un consejo, donde se tomaban las decisiones en consenso.
No sería hasta siglos más tarde cuando la familia que ostentaba el mayor poder y sus seguidores instauraría la monarquía tras una guerra que no duró más de una década, y aunque se mantuvo el consejo de mujeres, la toma final de decisiones recaía en la figura de la Reina.
A pesar del golpe que la guerra civil causó, la nación siguió progresando en otros aspectos.
Mientras se erigían hogares para todos y la sociedad se aclimataba al cambio de sistema, el consejo y los más dotados en artes de invocación continuaban investigando con la obsidiana, consiguiendo resultados que perfeccionarían generaciones futuras, que causarían un gran impacto y provocarían cambios transcendentales para todo el reino.
Inferis pasó a ser conocido como el reino de los muertos, una dimensión donde los cuerpos de los fallecidos, sus almas, y energía residual, servían a los vivos.
SOCIEDAD Y JERARQUÍA

Como se ha mencionado, Inferis comenzó como una sociedad matriarcal gobernada por un consejo de mujeres las cuales ostentaban el mayor poder, pero a lo largo de los siglos la sociedad fue cambiando.
El consejo se volvió inflexible, imparcial, e incluso comenzaron a negarse a transmitir sus conocimientos a cualquier discípulo que no fuese de su agrado.
Tras una guerra civil sin demasiadas bajas ni daños debido al abrumador poder de la familia instigadora y el descontento general con el consejo gobernante, se instauró la monarquía, y se creó un consejo nuevo que asesoraría a la figura regente.
Este fue formado por jóvenes que fueron instruidas por las matriarcas de la sociedad, para suplir la inexperiencia que conllevaba su corta edad.
Las ancianas eran veneradas y se les otorgaba el rol de maestras, se encargaban de instruir a los pequeños en la magia propia del reino.
Esta costumbre aún continúa en el presente.
La sociedad de Inferis no está dividida en estratos sociales, solo la familia real es considerada especial.
Las mujeres que forman el consejo no son las de mayor poder adquisitivo, sino las de mayor conocimiento, inteligencia, y poder.
Eso no significa que no haya conflictos o todo sea idílico.
Los habitantes de Inferis no se relacionan demasiado con gente de otros reinos, los hay que desprecian a los extranjeros sin tapujos.
Es un reino casi marginal, en relación casi exclusiva con Umbra.
Los matrimonios entre gente de ambas dimensiones es algo habitual, las relaciones son buenas, y comparten dialectos similares ya que ambos tienen el mismo origen.
Por supuesto hay una parte que considera alienados incluso a los procedentes de Umbra, aunque no ejercen demasiada influencia en el resto de la sociedad.
El rey consorte actual es hermano de Eon Exeo, monarca de Umbra.
Vlad Exeo fue prometido a Mina Dhamp y se trasladó a vivir a Inferis cuando apenas era un infante, por lo que no fue considerado un obstáculo en el camino de Eon al trono.
A pesar de haberse criado con el resto de la familia real de Inferis, hasta que Vlad y Mina no contrajeron nupcias este no pasó por el ritual del reino de los muertos (*), y solo una vez consiguió superar este, se le instruyó en las artes necromantes e invocadoras.
Mina y Vlad Dhamp formaban una pareja estable, y aunque nunca llegaron a enamorarse perdidamente, sí sentían un profundo afecto el uno por el otro.
Tuvieron dos hijos, un niño y una niña en ese orden.
A pesar de que Sammael fuese el primogénito, la heredera al trono era Lenore, ya que Inferis se basa en un sistema matriarcal.
( * ) RITUAL DE LOS MUERTOS

Tras años de practicar la necromancia, de burlar los límites de la misma muerte, los practicantes sufrieron las consecuencias a lo largo de los siglos.
En la actualidad, Inferis es un reino sumido en la penumbra, nublado por el día, lluvia ocasional, y noches oscuras como la misma obsidiana.
La energía residual de las almas de los muertos se percibe en la atmósfera.
El clima es más frío que cálido, y una bruma espesa envuelve el planeta como si receloso ocultase a sus moradores.
Son similares a los dhampir, poseen rasgos vampíricos a pesar de no estar muertos como tal.
Se alimentan de sangre de cualquier origen (animal, humana, de otros seres) en pequeñas cantidades periódicas.
Son sensibles a la luz solar, les molesta y se cubren con parasoles y túnicas. Son /semi/ inmortales, a menos que atravieses su corazón no conseguirás acabar con ellos.
Son rápidos, ágiles, pálidos, y sanan relativamente rápido. Son capaces de engendrar vida y gestar embarazos sin complicaciones.
Por consiguiente, todo el que se una a su nación (normalmente mediante matrimonio, como se ha mencionado no confían en los extranjeros) debe pasar por un ritual sumamente secreto llevado a cabo por el consejo y la familia real para adquirir las características vampirescas propias de Inferis.
Cabe destacar que no todos los que se someten a este ritual sobreviven, aunque el ratio de fallecimientos durante el proceso no es demasiado alto.
Puede considerarse una práctica dura e incomprensible, pero para los de Inferis es de vital importancia.
Si se quiere vivir en ese reino y controlar a los muertos, se debe pagar el mismo precio que todos los nacidos allí.

Las ciudades de Inferis están compuestas por edificios de estética gótica y victoriana.
Conocen la tecnología y hacen uso de algunos elementos de esta, no obstante varía según la zona.
Aunque en algunos núcleos urbanos ni siquiera saben qué es un teléfono móvil, en otros poseen smartphones y ordenadores.
La Muerte es como una diosa, y se le rinde culto con multitud de lápidas en las calles de las diferentes ciudades.

La forma de vestir habitual puede ir desde el estilo victoriano hasta el cyber punk, pasando por el steam punk y el renacimiento, predominantes siempre los colores oscuros.
La ropa no tiene género alguno, por lo tanto todo va a gusto de cada individuo
NECROMANCIA E INVOCACIÓN DE ALMAS

El primer instrumento usado para la invocación de almas fue un tablero que sigue el diseño de la Ouija.
Esta fue la primera forma más básica de entrar en contacto con el más allá, mediante invocaciones a través del tablero y hechizos básicos de conocimiento general modificados para el más allá.
Al añadir la obsidiana, se produjo un efecto distinto.
El alma podía ser materializada frente a las invocantes, responder preguntas, e incluso mantenerse en el mundo tangible hasta que se la despedía.
De ahí surgió la idea que sembró la discordia entre el reino de Umbra y el que sería después del exilio el de Inferis: usar la obsidiana como conductor de esa energía.
La oscura roca volcánica se usaba para acoger el alma invocada y poder aplicarse esa energía espiritual donde se quisiese, desde un uso cotidiano al incrustar el pseudo mineral en diferentes objetos, hasta en rituales más complicados como combustible para un hechizo de mayor magnitud.
Por supuesto, tras dominar el espectro menos tangible de la muerte, el siguiente paso eran los cuerpos que esas almas dejaban abandonados.

Tras conseguir permiso de los familiares, varios cuerpos fueron preservados con magia para paralizar el proceso de descomposición, y se procedió a experimentar con ellos.
Fueron muchos los intentos que fracasaron hasta dar con la clave para animar los cuerpos vacíos y dotarles de vida.
Adaptar los hechizos de invocación de almas para los cuerpos, añadirle elementos del invocador (sangre para mayor eficacia), y usar la obsidiana como conductor dio resultado al ‘bokore’ (*)

(*) El bokore está basado en elementos del vudú y en la figura del bokor como el brujo capacitado para revivir a los muertos.
Esta adaptación junto a la del tablero ouija y la obsidiana son elementos presentes en la necromancia que se practica en Inferis.
Los encantamientos bokores solo son conocidos por los habitantes del reino y son tabú para cualquiera ajeno a este, compartir esos secretos está sujeto a pena de muerte por cremación para eliminar toda posibilidad de que el cuerpo sea reutilizado, lo cual es un desprecio a todo el sistema en que se basa esa dimensión.
No hay mayor castigo que ser convertido en cenizas para un habitante de Inferis.
La magia necromante de Inferis está presente en su día a día.
Abastece a los hogares de electricidad, agua corriente, y todo tipo de energía usada en esta dimensión.
Inferis ha hecho de una práctica considerada tabú un medio sostenible para su auto-abastecimiento.
Este volumen de autosuficiencia ha sido logrado mediante acuerdos y pactos con muchísimas dimensiones.
Inferis literalmente acepta los cuerpos de otros lugares como si de un cementerio gigante a modo de planta de reciclaje se tratase.
De esta forma las otras dimensiones no tienen que quedarse con cuerpos en descomposición que no les aportan nada, e Inferis consigue materia prima para su desarrollo.
Una vez se reciben los restos, se determinan si son útiles para la necromancia o no.
Si lo son, se preservan los cuerpos para que no se deterioren, y obviamente se les borran los rasgos mediante encantamientos bokore para que nadie pueda ser reconocido por sus anteriores familiares.
Solo los fallecidos del propio reino de los muertos pueden ser conservados tal y como eran.
Si los restos no fuesen útiles por no estar en óptimas condiciones, se preservará su energía espiritual y/o alma en piezas de obsidiana, después serán cremados y desechados o bien devueltos a la familia de origen si así lo desean.

El planeta en su totalidad estaría formado por pequeños núcleos urbanos conectados entre sí mediante grandes extensiones de terreno boscoso donde se erigen edificios de almacenamiento de cadáveres preservados, laboratorios de necromancia, y crematorios.
Cada uno de ellos con sus respectivos portales a otras dimensiones que abastecen al reino de materia prima.

No hay mucha explotación agrícola o ganadera ya que los habitantes de este planeta no necesitan alimentos, pueden consumir sangre de cualquiera: familiares, parejas, amigos, vecinos, desconocidos e incluso animales.
En ocasiones reciben donaciones de sangre de gente de otros planetas a cambio de pequeños trabajos de necromancia o invocación de almas de seres queridos.
